jueves, 5 de junio de 2008

Avila de Seis Metros Pintado por Madres e Hijos




Isa Cisneros de Sapene
En otros artículos me he referido a la importancia de identificar las fuentes de motivación que nos permiten mantener al día nuestra calidad de vida y nuestra inteligencia emocional; en oportunidades vamos a su encuentro y en otras nos llegan sin darnos cuenta.
Eso me pasó en días pasados cuando mi sobrina Vanessa me solicitó una colaboración para el preescolar donde trabaja (Centro Don Bosco 88) colegio fundado por las Damas Salesianas, el cual financia un colegio en Petare.

Y hoy quiero compartir la experiencia con mis lectores, por lo hermoso que resultó la misma.
Me pidió nada más y nada menos que dibujara un mural del cerro el Ávila, de 2 metros de alto por 6 metros de ancho, para ser pintado por los niños y las madres del preescolar con motivo del día de la madre.


En el primer momento dudé por el reto que significaba comprometerme a realizar una obra de tales medidas en tan sólo cinco días, sin embargo, como socióloga debo reconocer que me entusiasmó la idea por el alcance social, cultural y espiritual que esto podía significar para estos niños y estas madres, al compartir un rato de sus vidas en algo tan hermoso y creativo como es el arte, y más todavía, algo tan imponente y de tanta energía como nuestro cerro Ávila. Acepté porque estaba segura de que los impactos que generan este tipo de experiencias son incalculables
En primer término los cinco días, cuarenta horas en total que me llevó hacer el bosquejo del cuadro, fueron extraordinarios. A medida que iba viendo el resultado del trabajo que dibujé en seis paneles de 2 por 1 metro de ancho, donde iba apareciendo la montaña majestuosa con sus surcos delineados dándole la profundidad que hace que el Ávila sea mágico, me entusiasmaba más en lo que estaba creando.
Una vez visualicé la obra completa en carboncillo, me pareció impactante lo grandioso de la montaña y entré en pánico. No de terror sino de incertidumbre, al pensar que esta obra sería pintada por niños de preescolar y por sus madres, y no me imaginaba cómo iba a ser ese momento con tantas pinturas, tantos niños y sus madres y cómo hacer para organizarlos en grupo..
No me angustié porque estaba segura que como generalmente pasa, todas estas actividades, si se realizan con organización e impartiendo correctamente las instrucciones, el resultado es exitoso.
Llegó el gran día de pintar el cuadro, en un patio amplio estaban colocados cada lienzo previamente enumerados sobre 6 mesas. Una vez que la directora Inés López de Leefmans, hizo mi presentación, les indicó a las madres y a los niños que comenzaran a pintar. Tenían solo una hora y media para hacer el trabajo.
En cada mesa se encontraba el equipo completo con los materiales necesarios para llevar a cabo la actividad: pintura pinta dedos de colores verde, marrón, azul, amarillo, rojo y blanco, pinceles toallas húmedas y envases con agua.

Con un orden increíble, innato en quienes harían la actividad, se inició la tarea creativa. Fue extraordinaria, por la emoción, la desinhibición y la seguridad que demostraron todos, tanto las madres como los niños, que como hormiguitas pintaron correctamente las líneas ya dibujadas tal como se les informó que podían hacerlo.

Es importante destacar que hasta ese momento sólo conocían una foto dividida en 6 columnas que indicaban la imagen de cada lienzo, donde se percibía cómo quedaría al final la obra.
Una vez terminada la actividad, la dirección del colegio les ofreció un desayuno a las madres y mientras ellas conversaban sobre la experiencia, se unieron los 6 lienzos recostados a la pared y así pudieron ver las madres y los niños la obra grandiosa que habían concluido. Se mostraron todos ampliamente emocionados al verla, ya que no se imaginaban que iba a quedar tan fastuoso.
Debo manifestar que fue una hermosa y extraordinaria experiencia que nos hace reflexionar sobre los resultados que se obtienen cuando una actividad se realiza con amor, creatividad, desinterés y transparencia, teniendo un solo objetivo en este caso como fue regalarle un momento sublime a las madres de este preescolar.

Felicito a su directora y docentes por tan excelente idea, y agradezco haberme invitado a compartir con ellas tan bello encuentro, es lo que llamo una institución emocionalmente inteligente.